La derecha también paga el precio de la crisis

La canciller alemana, Angela Merkel; el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. Ampliar

Tras retirar su confianza a la izquierda en media Europa, los votantes castigan ahora a los líderes conservadores. En Alemania, el partido de Merkel lleva un año de derrota en derrota, en Francia la izquierda ha recuperado el Senado, y en Dinamarca vuelven al poder los socialistas.

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Publicado en 20minutos.es

Cuando a principios del pasado mes de junio los conservadores de Pedro Passos Coelho ganaron las elecciones en Portugal, apartando del poder al socialista José Sócrates, solo quedaron en la Unión Europea cinco países con gobiernos de izquierda o centroizquierda, y de ellos, tres con escaso peso político (Austria, Chipre y Eslovenia) y dos seriamente castigados (España, donde los socialistas acababan de sufrir una gran derrota en las elecciones municipales y autonómicas, y Grecia, al borde de la bancarrota y en pleno estallido social).

Las razones del fracaso de la izquierda en Europa son complejas y variadas, e incluyen desde la evolución demográfica y socioeconómica de la población en las últimas décadas hasta la propia división de su electorado, pero la mayoría de los expertos coinciden en señalar a la crisis económica, a sus efectos y al modo en que se ha reaccionado contra ellos, como la principal responsable. No en vano, la mayor parte de los malos resultados electorales logrados por la izquierda se han producido a partir de 2008, el año en que quebró Lehman Brothers y la recesión global se hizo oficial.

Pero el efecto devastador de la crisis, sin embargo, parece ir más allá de ideologías, y después de la derrota de la izquierda en Portugal y de las próximas elecciones españolas del 20 de noviembre, en las que todo son malos augurios para los socialistas, podría llegarle el turno también a la derecha,a tenor de los resultados electorales de los últimos meses.

En Alemania, los conservadores de la canciller Angela Merkel han cosechado derrota tras derrota en las elecciones locales; en Francia, la izquierda ha conseguido una histórica mayoría en el Senado; en Dinamarca la socialdemócrata Helle Thorning-Schmidt ha acabado con una década de gobiernos de derechas; en Italia, Berlusconi, en medio de constantes escándalos judiciales y extrajudiciales, ya ha recibido un serio aviso en su bastión de Milán, donde el centroizquierda arrasó en las municipales; y en el Reino Unido, una encuesta publicada en julio señalaba que, a pesar de que el primer ministro británico ha logrado aguantar el tipo, la mitad de sus conciudadanos considera que Cameron no ha hecho un buen trabajo. Los votantes castigan a quien ocupa el poder y confían en encontrar salidas a través del cambio político.

Así están las cosas ahora mismo para los cuatro principales líderes conservadores europeos:

Nicolas Sarkozy

Los partidos de izquierda y ecologistas franceses, encabezados por el Partido Socialista, lograron hace una semana la mayoría absoluta en el Senado, por primera vez desde la fundación de la V República en 1958, y siete meses antes de las próximas elecciones presidenciales, previstas para abril y mayo de 2012.

La victoria, hasta cierto punto previsible, teniendo en cuenta el triunfo de la izquierda sobre la gubernamental y conservadora UMP en las últimas elecciones locales, ha hecho que el presidente, Nicolas Sarkozy, empiece a prepararse para lo peor. Para colmo, el Gobierno francés tiene preparados para los próximos meses una serie de recortes y medidas de austeridad que no es probable que se traduzcan en votos para la mayoría de centroderecha que domina actualmente la Asamblea Nacional.

Sarkozy cuenta todavía, sin embargo, con algunas bazas. Por un lado, ha sabido labrarse un protagonismo internacional que muchos votantes podrían valorar en unas elecciones presidenciales, cuyas características no siempre coinciden con el resto de los comicios. Por otro, las elecciones al Senado se llevaron a cabo con un sistema indirecto, mediante el voto de 71.000 denominados “grandes electores” -diputados, consejeros regionales y provinciales, alcaldes y concejales-, algo que puede no reflejar con exactitud el voto popular.

De momento, en cualquier caso, la izquierda va por delante en las encuestas, con François Hollande como el mejor situado en el Partido Socialista (PS) para enfrentarse a Sarkozy. Según un sondeo reciente publicado por el diario Le Monde, Hollande, en el caso de resultar vencedor en las primarias del PS, cuenta actualmente con una intención de voto del 30%frente al 22% de Sarkozy, y con la líder del ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen, en tercer lugar (17%).

Las posibilidades de victoria, eso sí, no son tan grandes para los otros dos posibles candidatos socialistas: La primera secretaria del PS, Martine Aubry, lograría un 27% frente al 23% del presidente, y la antigua rival de Sarkozy, Ségolène Royal, sería derrotada de nuevo con un 19% de los votos, frente al 23% del actual inquilino del Elíseo, de acuerdo con otra encuesta, elaborada por Ipsos.

Angela Merkel

La canciller alemana, Angela Merkel, tampoco las tiene todas consigo. El 18 de septiembre, su partido, la conservadora coalición Unión Cristianodemócrata (CDU), sufrió en las elecciones de la ciudad-estado de Berlín la sexta derrota regional de este año, en unos comicios cuya mayor novedad la protagonizó la formación rebelde anti sistema Los Piratas, que obtuvo el 8,9% de los votos y logró por primera vez en la historia representación parlamentaria en una cámara regional alemana, reflejando el éxito del voto joven y desencantado.

La derrota del partido de Merkel en Berlín se sumaba a una serie de fracasos anteriores en los länder (estados federados), con victorias de los socialdemócratas del SPD en Mecklemburgo-Antepomerania, Hamburgo, Renania-Palatinado y Bremen, y de Los Verdes en Baden-Württemberg. En un auténtico annus horribilis electoral para la canciller, la CDU sólo ha logrado mantener su liderazgo en Sajonia-Anhalt.

Merkel, al igual que Sarkozy, va por detrás en las encuestas, y ha perdido popularidad en los últimos meses, a la par que ha ido recuperando apoyo la oposición socialdemócrata (SPD), que ahora podría formar una alianza de mayoría en el Bundestag (Parlamento federal) con Los Verdes.

Eso es, al menos, lo que se desprende de un sondeo del instituto demoscópico Forsa hecho público hace dos semanas, que concedía al SPD un 29% de intención de voto, el mejor valor desde febrero de 2008. En esta encuesta, la CDU cedía un punto, hasta un 31%, y los liberales (FDP), socio menor de la coalición gubernamental, se mantenían en un 4%, insuficiente para rebasar la barrera del 5% necesaria para obtener representación parlamentaria. Los Verdes también se mantenían estables con un 19% de votos potenciales, al igual que La Izquierda, formada por los postcomunistas de la extinta República Democrática Alemana y un ala disidente del SPD, que no varíaban su intención de voto del 9%.

De este modo, el SPD y Los Verdes suman un 48% de votos potenciales, 13 puntos más que los partidos de la coalición de Gobierno de Merkel, con un 35%, y la oposición contaría con una mayoría suficiente en el Bundestag de celebrarse comicios legislativos anticipados.

A modo de balón de oxígeno, sin embargo, el Gobierno de coalición de Merkel se vio reforzado el pasado jueves tras la aprobación por una gran mayoría en el Parlamento de la ampliación del Fondo Europeo de Estabilización Financiera, una decisión que, además, trajo tranquilidad a los mercados.

Tras semanas de dudas sobre el respaldo que Merkel tendría entre sus propias filas, y en lo que muchos valoraban como una encubierta moción de confianza, la canciller logró imponer la disciplina y tan solo 15 diputados de la Unión (CDU/CSU) y los liberales (FDP) no dieron su voto favorable en la votación parlamentaria.

Esta victoria, no obstante, puede ser un arma de doble filo electoral para la canciller, teniendo en cuenta que tres de cada cuatro alemanes están en contra de que Alemania aporte más dinero a los fondos de rescate europeos para los países en dificultades.

Silvio Berlusconi

Según una encuesta realizada en septiembre y publicada en el diario Le Monde, la cuota de popularidad del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, no supera el 24%, en comparación con el 64% de que gozaba en junio de 2008, y la intención de voto se sitúa actualmente en un 44% para la izquierda y un 37,5% para la derecha.

Esta tendencia ha sido confirmada por dos derrotas consecutivas: El 30 de mayo, la derecha perdió en Milán, el gran feudo del primer ministro, y dos semanas más tarde, el Gobierno fue reprobado durante un referendo cuádruple, uno de ellos sobre la inmunidad penal del propio Berlusconi.

A esta difícil situación política se agregaron los escándalos sexuales que implican personalmente al primer ministro y la crisis financiera. Presionada por los mercados como consecuencia de su enorme deuda (más de 1.900 millones de euros), y rebajada en un escalón por la agencia calificadora Standard & Poor’s, Italia sigue sin lograr tranquilizar a los inversionistas, a pesar de la adopción de dos severos planes de ajuste.

Así, Berlusconi se enfrenta ahora a una doble crisis de confianza: la de los italianos frente a su gobierno, y la de los mercados y las instituciones europeas frente a Italia. La consecuencia es que, a las habituales críticas que recibe desde la izquierda empiezan a sumarse también reproches desde la derecha. Los periódicos conservadores Corriere della Sera y La Stampa han señalado que “Italia merece algo mejor” y empresarios y banqueros empiezan a pedir también abiertamente su “retirada”.

De momento, y desde que en diciembre de 2010 saliera airoso de una moción de censura, Berlusconi sigue disponiendo de una mayoría, y tiene a su favor el hecho de que la oposición no tenga aún un liderazgo fuerte.

David Cameron

Pese a que de los cuatro grandes líderes conservadores europeos, David Cameron es, probablemente, el menos ‘tocado’, el primer ministro británico tampoco se libra de la presión. El Partido Conservador que dirige inició este domingo su congreso anual con una popularidad prácticamente intacta tras 16 meses en el poder, pero muy criticado por los malos resultados económicos y en medio de una escalada del euroescepticismo.

Aún así, y contrariamente a los liberaldemócratas, sus socios en la coalición gubernamental, los conservadores han logrado mantener sus apoyos entre la opinión pública británica. Y ello a pesar de un verano verdaderamente difícil en el que que Cameron se ha tenido que enfrentar primero al escándalo de las escuchas telefónicas ilegales del tabloide News of the World, y después a los peores disturbios vividos en el Reino Unido en más de 30 años, sin contar con la puesta en marcha de un duro plan de ajuste que incluye drásticos recortes en todos los apartados del gasto público.

Aunque la oposición laborista dominaba los sondeos desde octubre, moviéndose en una horquilla de entre el 40% y el 42% de intención de voto, con los conservadores entre un 34% y un 36% (en 2010 ganaron con el 37% de los votos), el partido de Cameron aparecía nuevamente en cabeza en una última encuesta de la agencia ComRes, con el 37% de la intención de voto frente al 36% de los laboristas.


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