Demócratas y republicanos: visiones opuestas para un país cada vez más polarizado

Los símbolos del Partido Republicano (elefante) y del Partido Demócrata (asno). Ampliar

La campaña presidencial ha estado marcada por el personalismo ‘antisistema’ de Trump, pero EE UU sigue dividido en torno a los valores tradicionales de los dos grandes partidos. La deriva conservadora de los republicanos se enfrenta al progresismo de unos demócratas que mantienen su fuerza en las élites y las minorías.

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Publicado en 20minutos.es

La polarización de la sociedad estadounidense, la brecha que separa a conservadores y progresistas, republicanos y demócratas, es cada vez más profunda, a pesar de que la insólita campaña para las elecciones presidenciales del 8 de noviembre, marcada por la irrupción de un personaje como Donald Trump, parezca haber dejado de lado las tradicionales ideologías de fondo de los dos principales partidos, barridas por el efecto del carácter individual, ‘por libre’ y hasta cierto punto inclasificable, de la candidatura del magnate neoyorquino.

Es cierto que Trump sigue siendo, sobre el papel, el candidato a presidente por parte del Partido Republicano, pero también lo es que, especialmente en los últimos meses, y según han ido aumentando sus escándalos y sus insultos, cada vez más pesos pesados de esta formación, incluyendo expresidentes y altos cargos, han ido desmarcándose del millonario o incluso rechazando abiertamente sus propuestas. De hecho, ni siquiera está claro que el apoyo popular del que disfruta Trump proceda (tan solo) de la base tradicional de votantes republicanos, muchos de los cuales se ven incapaces de apoyar el simplismo xenófobo, excluyente, aislacionista y machista de que hace gala sin remordimientos el candidato de un partido que ha dado al país presidentes como Lincoln, Roosevelt (Theodore), Eisenhower o incluso Ronald Reagan.

Una de las claves es, probablemente, que esa base tradicional ha cambiado, y que muchos votantes desencantados, castigados por la crisis y que hasta ahora permanecían al margen del sistema, han encontrado al fin en la candidatura de Tump un espacio en el que reconocerse, y que poco tiene que ver ya con el discurso que seguían manteniendo las élites del GOP (Grand Old Party, como se conoce a la formación republicana). Sin olvidar que esa deriva ha sido causada, en buena parte, por el comportamiento del propio partido a lo largo de los últimos años (la irrupción del Tea Party fue el primer síntoma importante), y por su giro hacia posiciones cada vez más nacionalistas, conservadoras en lo moral, ‘populistas’ y obsesionadas con “la ley y el orden”.

Nada de esto es ajeno al incremento del resentimiento cultural y racial experimentado por la población blanca de mayor edad (el votante republicano tipo), como respuesta al empuje liberal cada vez mayor que perciben en el país (matrimonio entre homosexuales, “corrección política”, más peso de los inmigrantes, políticas de apoyo a las minorías), ni a un debate ideológico que, a lo largo de la última década, ha estado dominado por una gran confrontación, con un componente muy visceral, en la que presentadores radiofónicos ultraconservadores, tertulianos en la televisión y participantes en foros de Internet discuten los problemas domésticos con una combinación de agresividad, espectáculo y descalificaciones.

Tampoco en las filas del Partido Demócrata están siendo éstas unas elecciones típicas. El éxito del discurso antisistema (en este caso, desde posiciones progresistas) de Bernie Sanders en las primarias obligó a la finalmente elegida candidata demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton, a virar su mensaje hacia la izquierda para poder repescar a los seguidores de su derrotado rival (jóvenes, votantes con menos ingresos y menos identificados con el partido), que podrían verse tentados, no, obviamente, a votar a Trump, pero sí, tal vez, a quedarse en sus casas el día de las elecciones.

No es que Clinton, vista por muchos demócratas como un genuino producto del establishment y de las élites económicas, todavía bien conectada con Wall Street, y no precisamente una revolucionaria en política exterior, haya radicalizado demasiado la agenda demócrata, pero sí ha intentado, al menos, aprovechar para rellenar los tremendos agujeros sociales excavados por Trump, y aglutinar así a su electorado tipo (minorías, militantes identificados con el partido, profesionales liberales, mujeres).

Política abierta

Antes de analizar la ideología de los dos grandes partidos estadounidenses, es importante reseñar la gran diferencia existente entre las estructuras políticas en EE UU y las de los partidos españoles, o, en general, europeos.

En EE UU, el Partido Republicano y el Partido Demócrata actúan más como marcas bajo las que concurren coaliciones de políticos, que como los aparatos burocráticos y jerárquicos, fuertemente dependientes de su líder y de sus estatutos, que operan a este lado del Atlántico. El sistema estadounidense se centra en los candidatos (a cualquier nivel) en sí, unos candidatos que actúan de manera más o menos independiente, con sus propios equipos de campaña, sin disciplina de partido y con una gran libertad de conciencia. Por ello, y aunque existan una serie de referencias comunes según se pertenezca a una u otra formación, las diferencias ideológicas y programáticas entre los distintos representantes y aspirantes políticos de un mismo partido pueden llegar a ser muy importantes.

En general, los demócratas representan el liberalismo (en el sentido estadounidense del término, no en el del liberalismo económico europeo; es decir, con una agenda progresista más o menos de centro izquierda, que en muchos países de Europa sería vista como centro, o incluso como centro derecha), e ideales basados en la solidaridad, la igualdad, la importancia de la comunidad y la responsabilidad social. No obstante, en el seno de este partido coexisten con los liberales muchos grupos ideológicos distintos, desde conservadores hasta progresistas, pasando por socialdemócratas, centristas e incluso socialistas como el propio Sanders. Los demócratas no se oponen a la economía de libre mercado, y creen, al igual que los republicanos, que el capitalismo es el único sistema económico que permite generar crecimiento y prosperidad. Pero piensan que el Estado debe intervenir para reducir los desequilibrios sociales, distribuir mejor la renta y garantizar la igualdad de oportunidades.

El ideario republicano, entre tanto, es claramente conservador, tanto en lo económico (menos gobierno, menos impuestos, impulso a la iniciativa privada) como en lo político y lo social (antiburocracia, a favor de un fuerte gasto militar, pro empresarial, énfasis en la responsabilidad personal, importancia de valores tradicionales y religiosos). El Partido Republicano representa los ideales de la justicia, la libertad, los derechos individuales, la responsabilidad personal y la importancia de la tradición. Y también conviven en su seno diversas tendencias, desde la derecha religiosa cristiana más fundamentalista hasta posiciones más liberales en asuntos morales y centradas tan solo en aspectos económicos, como la reducción de la fiscalidad.

Ambos partidos comparten aspectos esenciales del modo de vida y la cultura estadounidenses, un mínimo común denominador que incluye valores relacionados con la fe en la capacidad de la iniciativa individual, la teórica igualdad de oportunidades, la democracia, el libre mercado y la economía capitalista más o menos moderada, grandes dosis de patriotismo, separación formal entre la religión y el Estado (aunque con un papel muy importante de la religión en el día a día de la vida pública), defensa radical de la libertad de expresión y de los derechos individuales, etc.

Como señala Roger Senserrich, licenciado en Ciencias Políticas y editor de Politikon, “los dos grandes partidos hablan distinto, actúan distinto y tienen agendas distintas porque la estructura de su electorado afecta a su comportamiento. Los republicanos son un partido racialmente mucho más homogéneo, pero ideológicamente mucho más dividido. Sus primarias son mucho más ideológicas y su programa mucho menos incluyente. Los demócratas son una aglomeración de grupos que el GOP ha renunciado a representar, y sus debates internos giran más en torno a asignación de recursos que a principios ideológicos definidos”.

El siguiente cuadro resume, a grandes rasgos, las posiciones tradicionales de ambos partidos en asuntos clave, teniendo en cuenta que sobre la mayoría de ellos no existe una “postura oficial”, y al margen de las propuestas y posicionamientos concretos de los actuales candidatos a la presidencia.

Republicanos Demócratas
Gobierno Cuanto más pequeño mejor, tanto en cuanto al número de personas empleadas como en sus funciones y responsabilidades. Las regulaciones del Gobierno tienden a entorpecer el capitalismo de libre mercado y el crecimiento del empleo. Máximo control posible del déficit y de la deuda pública. Estado de bienestar, aunque en el contexto estadounidense (mucho menor que el equivalente europeo). La intervención del Gobierno y un fuerte gasto público, aún a costa de aumentar el déficit, son necesarios para corregir desigualdades y proteger a los consumidores.
Economía Salarios regulados por el mercado e impuestos igualitarios (sin atender a niveles de renta), lo más bajos posibles para todos, una vez cubiertas las necesidades más básicas de la sociedad. Alto grado de proteccionismo internacional para las empresas estadounidenses. Salarios mínimos, con incrementos periódicos en función de la marcha de la economía, y cobro de impuestos progresivo, con mayores tasas para los contribuyentes de mayores ingresos. Tarifas proteccionistas más bajas e impulso de tratados internacionales de libre comercio.
Gasto militar Incremento. Congelación o reducción.
Salud En contra del apoyo estatal a la sanidad, salvo para casos extremos. Las aseguradoras privadas son más eficaces que el Gobierno, y el sistema privado de sanidad ayuda a evitar fraudes. En contra de la reforma sanitaria impulsada por el presidente Obama (Obamacare). La sanidad pública universal al estilo europeo es aún impensable en EE UU, pero los demócratas son más favorables a un fuerte apoyo del Gobierno en seguros de salud, incluyendo los programas Medicare y Medicaid, y la reforma sanitaria Obamacare.
Educación En los últimos años, las plataformas de ambos partidos han enfatizado la importancia de un sistema financiado de educación primaria y secundaria a nivel nacional. Sin embargo, los republicanos se centran más en dar dinero a los distritos locales para que sean éstos quienes decidan cómo gastarlo, y en limitar los fondos federales a la educación primaria y secundaria, excluyendo la superior. Los demócratas están a favor de aumentar el gasto público destinado a financiar no solo la enseñanza primaria y secundaria, sino también las universidades y escuelas técnicas, con ayudas para reducir las enormes deudas de los estudiantes.
Pena de muerte La mayoría de los que siguen apoyando la pena capital son republicanos. La mayoría de los que se oponen a la pena de muerte son demócratas.
Matrimonio entre homosexuales Los políticos republicanos, y en especial los más conservadores, suelen oponerse al matrimonio entre personas del mismo sexo, y creen que esta institución debe limitarse legalmente a la unión de un hombre y una mujer. Rechazan asimismo la adopción de niños por parte de parejas homosexuales. A favor del matrimonio legal entre personas del mismo sexo y, aunque en una menor proporción, también de la adopción de niños por parte de parejas homosexuales.
Aborto A favor de una legislación más restrictiva en contra del aborto, reduciendo los supuestos legales al mínimo, sobre todo entre los republicanos religiosos más conservadores. Más tolerancia entre los republicanos puramente ‘económicos’. La sanidad pública universal al estilo europeo es aún impensable en EE UU, pero los demócratas son más favorables a un fuerte apoyo del Gobierno en seguros de salud, incluyendo los programas Medicare y Medicaid, y la reforma sanitaria Obamacare.
Inmigración Mayor control, deportación de inmigrantes indocumentados y refuerzo de la frontera. Control, pero con moratoria en las deportaciones o posibilidades de ciudadanía para ciertos inmigrantes indocumentados (aquellos que no tengan un expediente criminal, o que hayan vivido en EE UU más de cinco años).
Armas Se oponen firmemente a las leyes para el control de armas y son fuertes defensores de la Segunda Enmienda (el derecho a portar armas), así como del derecho a llevar armas ocultas. Defienden mayores sistemas de control para la venta y la posesión de armas de fuego (especialmente de armamento automático o de tipo militar), y ciertas restricciones al derecho a portar armas, incluyendo la prohibición de llevar armas ocultas en lugares públicos.
Política internacional Los politicos republicanos tienden a ser más aislacionistas, aunque son partidarios de intervenciones militares cuando están en juego los intereses (a menudo económicos) de EE UU. En Oriente Medio son firmes aliados de Israel y se oponen al pacto nuclear con Irán. Los políticos demócratas suelen ser más intervencionistas y más defensores del papel de EE UU como garante de valores universales. En Oriente Medio son más críticos con Israel (aunque sin llegar a cuestionar la alianza entre ambos países) y defienden el pacto nuclear con Irán.
Energía y cambio climático Apoyo a las energías tradicionales, escepticismo con respecto al cambio climático o al hecho de que esté causado por la actividad humana. Importancia de la independencia energética. Impulso, aunque sin una apuesta radical, a energías alternativas. Conciencia del cambio climático y respaldo a sus evidencias científicas.
Estados en los que son más fuertes Texas, Kansas, Oklahoma, Utah, Alaska. Alabama. California, Nueva York, Massachussets. Minnesota, Distrito de Columbia.
Base electoral típica Más hombres que mujeres; clase alta; pequeños, medianos y grandes empresarios; una parte socialmente conservadora de la clase obrera blanca; sectores vinculados a la industria; militares de carrera; población blanca de origen europeo e hispanos de origen cubano; protestantes blancos y mormones; zonas rurales. Más mujeres que hombres. Universitarios, profesionales liberales y científicos; jóvenes; clase obrera sindicalizada y de bajos ingresos (aunque más conservadores que la base intelectual de tendencia liberal que también vota a los demócratas); población LGBT; afroamericanos, hispanos y nativos americanos; protestantes negros, católicos, judíos, ateos, agnósticos y, en los últimos años, también musulmanes (socialmente más conservadores, su tendencia al voto republicano ha cambiado debido a las políticas de EE UU en Oriente Medio y al sesgo islamófobo de políticos como Donald Trump); zonas urbanas.
Color representativo Rojo. Azul.

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